No pocas

Cada vez que su precioso rostro le venía a la mente,
él sólo era capaz de pensar:
"¡Qué guapa...!, ¡Qué guapa...!, ¡Qué guapa...!"
Y deseaba poder tomar su rostro entre sus manos
y cubrirlo de caricias y besos.
Poder sentir el tacto de sus manos,
acurrucarse en su regazo, dormir junto a ella y ser salvado.
Cada vez que su precioso rostro le venía a la mente...
que no eran pocas
0 comentarios